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«El futuro para el país no es escoger entre Santos y Uribe» Claudia Lopez

REFERENDO CONTRA LA ADOPCION POR PAREJAS HOMOSEXUALES COMISIÓN PRIMERA DEL SENADO SEPTIEMBRE 14 de 2016 FOTO LEON DARIO PELAEZ/SEMANA

Claudia López Hernández  es actualmente senadora y candidata presidencial del Partido Verde de Colombia. Desde que estaba en la universidad empezó a movilizarse como ciudadana, luego fue periodista y hace 20 años trabaja en temas de administración pública. Desde hace tres años forma parte del Congreso, lugar que ella describe como «desagradable, donde los políticos van a robarle a los colombianos».

Dice que viene de un proyecto político de centro-izquierda, que busca más un centro que una izquierda. Quiere ser la presidenta de Colombia porque en ese poder «está el epicentro de la corrupción política en Colombia». Busca la inclusión social, frenar la corrupción atacando la política tradicional y construir un proyecto que tenga trascendencia en el tiempo.

Lo que más suena de Colombia es el debate que hay entre los presidentes Santos y Uribe. ¿Dónde podemos ubicarla a usted?

Con ninguno de los dos. El futuro para el país no es escoger entre Santos y Uribe, el futuro de Colombia está en salir de ellos, quienes tienen una disputa alrededor de la paz pero que están en todo lo que hemos visto en temas y escándalos de corrupción. Lo que el país ha puesto en evidencia es que son igualitos para robar: ambos le recibieron sobornos de Odebrecht, en sus campañas hubo financiación ilegal. En el escándalo Reficar, el mayor en la historia de Colombia después de Odebrecht, de casi 3.400 millones de euros, están metidos ambos gobiernos. Entonces, yo creo que el futuro de Colombia no está en escoger entre ellos, el futuro de Colombia es, mediante el voto, derrotarlos y traer una coalición ciudadana, independiente, de centro.

¿Qué opina del Congreso de la FARC y su nuevo partido político?

Yo no tengo ninguna relación con el nuevo partido político de la FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia), ni tengo interés ni coincidencia para hacer política con ellos. Apoyé el proceso de paz porque creo que es necesario para Colombia y en particular para los más humildes, los de la Colombia rural, quienes han sido brutalmente victimizados por la FARC. Uno de los costos del acuerdo es el de hacer política; a unos les duele más, a unos les duele menos. La FARC se declaró como un partido marxista, comunista, revolucionario y socialista, con lo cual no tengo ninguna coincidencia ideológica, pero prefiero que hagan política a que hagan la guerra.

¿Qué le motivó a presentar su candidatura a la presidencia?

Ser una colombiana común, de clase media, preparada, que ha estudiado cuáles pueden ser las soluciones a lo que yo creo que son los 4 cuellos de botella que tiene Colombia y tenemos que afrontar como generación para poder desarrollar todo el potencial del país:

El primero, la guerra. Yo creo que una Colombia sin FARC es una Colombia bendecida que tiene muchas más oportunidades y, si logramos concretar el proceso con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), vamos a cerrar el ciclo del conflicto armado colombiano y eso va a ser una bendición para la generación que lo pueda disfrutar.

El segundo es la corrupción, la cual actualmente le está robando a Colombia más de 14.000 millones de euros al año según la Contraloría General de la Nación; eso equivale a aproximadamente 7 puntos del PIB nacional al año.

En tercer lugar, Colombia no tiene una economía moderna. Tenemos una economía que exporta bienes básicos, donde la gente todavía se enriquece o por rentas de poder o por rentas del suelo, sin grandes innovaciones ni competitividad o productividad.

 

El cuarto cuello de botella es la inequidad. Colombia es segundo en el nivel de desigualdad en América Latina y está dentro de los 8 países más inequitativos del mundo. Las consecuencias de esto es que genera muchas tensiones políticas, hay gente que vive en la exclusión como si fuera el siglo XVIII mientras otros más afortunados, gracias a la educación y demás, estamos en el siglo XXI.

Nuestro propósito es crear una coalición con una visión moderna de Colombia frente a estos desafíos, que esté comprometida con la paz, con gente de carácter y de visión para combatir la corrupción, modernizar la economía y construir equidad. Después de la guerra, la clase política es el peor cáncer que tiene Colombia hoy. Y así como a los ilegales teníamos que presionarlos militarmente para obligarlos a hacer una negociación de desmovilización seria, a la clase política corrupta y tradicional tenemos que enfrentarla y derrotarlas en las urnas para cambiar Colombia. Yo he demostrado tener el carácter y la independencia que se necesita para enfrentarlos.

¿Cómo ha sido su paso por la política?

Yo llevo tres años en política, pero toda la vida he sido una ciudadana muy activa. Los mecanismos de participación ciudadana son precisamente que la política no dependa solamente de los políticos electos representativos sino que los ciudadanos también tengamos mecanismos propios de participación política en caso de que se bloqueen las instituciones. En estos tres años en el Congreso me bloquearon sistemáticamente las iniciativas de lucha contra la corrupción, de límite al poder, de contratación transparente, de manejo del presupuesto público, de limitar el poder de los políticos, de ponerlos a rendir cuentas. Lo rechazaron todo y por eso yo salí a recoger firmas para hacer una consulta y como ciudadanos votar esos mandatos anticorrupción. La respuesta fue contundente: 4 millones y medio de colombianos firmaron para pedirle al Estado que los deje ir a votar el año que viene esos 7 mandatos anticorrupción que la clase política no ha querido adoptar.

 

¿Cómo están luchando contra la corrupción en el resto de latinoamérica? ¿Tiene algún referente internacional?

Precisamente eso está pasando en Guatemala, donde ha habido toda una movilización ciudadana para respaldar la Comisión Internacional Contra la Impunidad para que puedan luchar contra la corrupción. Ya procesaron al expresidente y tal vez vayan a procesar al presidente actual; hay muchos ministros y empresarios que se creían intocables.

El escándalo de Odebrecht ha sacado a miles de latinoamericanos a las calles en Brasil, Perú y República Dominicana, repudiando la corrupción que hay. En Colombia no ha habido una marcha multitudinaria pero cuatro millones de colombianos firmaron, que es otra manera de politizarse.

Colombia está en un momento de grandes oportunidades, pero también de enorme dificultad: en este momento tenemos la política y la justicia corrompidas. Los colombianos desde donde estén tienen que entender que mientras más de la mitad de los ciudadanos sigan con la abstención, la clase política corrupta va a seguir eligiéndose con muy pocos votos que puede comprar. Si queremos romper ese círculo vicioso tenemos que meterle mayorías ciudadanas a las elecciones para que los políticos corruptos no sean capaces de comprar a una minoría. Eso es lo que estamos tratando de movilizar en Colombia en este instante.

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